domingo, 1 de abril de 2012

Runaway, Away

Sábado antes de las tres de la tarde, bajo del colectivo, voy directo a la estación y bajo por las escaleras del túnel dirigiéndome hacia el andén. Escucho música, miro, y un chico (al que no le llegué a ver bien la cara) estaba haciendo música con su violín, y abajo, el estuche con billetes y monedas que la gente le daba. Caminé dos pasos y no lo pensé, saqué mi billete de dos pesos (lo único que tenía) y se lo dejé en el estuche. Me dijo "Gracias" mientras seguía tocando, a lo que yo me di vuelta y le sonreí. Dije "De nada" pero no creo que lo haya escuchado como tampoco creo que me haya visto sonreír.
Esperando el tren prefería estar ahí abajo escuchándolo, y sin embargo el resto del viaje hasta Morón y de Morón a Villa de Mayo me quedé pensando en él. O sea, en lo que hacía ahí, trabajando con su música, su arte. Me hubiera gustado darle las gracias por estar compartiendo lo que hacía. así que decidí escribirle una pequeña nota, por si me lo vuelvo a encontrar, que dice así: "El sábado 31 pasé muy apurada y no pude oírte mucho, pero me quedé pensando todo mi viaje. Hoy vengo un poco más temprano con las expectativas de encontrarte y oírte un poco más.
Así que, si estás leyendo ésto, es porque acerté y me voy tranquila al saber que pude decirte que, sin conocerte, admiro tu arte, admiro que estés acá compartiendo lo que hacés y te lo agradezco."
Quizás sea patético, pero no todo lo que se nos cruza por el camino nos deja pensando por horas. Y algo adentro mio me obligó a escribir eso, y a encontrar a esa persona. No importa si vuelvo a verlo en ese túnel el próximo sábado o en la estación de Lanús dentro de tres meses, tengo que darle ese papel.

Dato extra: Cuando volvía de Villa de Mayo, un señor venía riéndose del nombre Jeremías, cambiándolo por Jeretuyas.



Ya estoy lista! Y voy a estar el resto del año jodiendo, ansiosa y feliz. 
Nada mejor que vivir de la música. 
Voy a reventar de alegría,
producción musical, allá voy.